Una esquina donde la historia se esfuma en Santo Domingo

Una esquina donde la historia se esfuma en Santo Domingo

POR MIGUEL D. MENA

Es una esquina donde la naturaleza y la historia han dejado profundas huellas. No está en ninguna historia. Tampoco estará. Deja sus huellas porque hubo fotos que se convirtieron en símbolos y signos de épocas tan variadas. Pasamos por ahí obligatoriamente. Ahora nos dice porque han levantado en ese espacio un parque que debería ser la introducción al recién inventado Barrio Chino de Santo Domingo.

Escribo sobre la esquina donde confluyen las calles 19 de marzo y José Reyes. No hay un nombre de barrio que la reclame: ni el Villa Francisca ni el San Carlos de ahora, ni el Galindo ni El Canadá de los años 20. Busco en los mapas alguna orientación, encontrando la edición de la Enciclopedia Espasa Calpe de 1927, sin encontrar inscripción alguna en los barrios.

La noche del 3 de septiembre de 1930 Santo Domingo fue duramente azotada por el ciclón de San Zenón. Llegó el momento culminante de la fotografía dominicana. Aunque no había una prensa interna de importancia, el gobierno de Rafael Trujillo que recién se había instalado reconoció a tiempo la importancia de los hechos. Mientras más se mostraban los efectos de la tormenta, más se legitimarían las medidas de orden y gobierno.

Dentro de las fotos de la tragedia natural, la más explicativa de los estragos causados fue tomada desde las alturas de la calle Ravelo. A los pocos meses, la imagen se convierte en una de las dos series de cuatro estampillas que recuerdan aquellos duros momentos. En las primeras dos, de uno y dos centavos, respectivamente, se podían ver el antiguo puente Ulises Heureaux, ahora destruido. En las dos restantes, de 5 y 10 centavos, esta esquina a partir de entonces histórica.

Hay que imaginarse a los artesanos de Litografía Ferrúa llevando al formato de grabado la escena. La mayoría de los detalles fueron reproducidos: los dos peatones en la calle Félix Ma. Ruíz, la persona que pasa cerca de un poste de luz en la José Reyes. En el triángulo de la esquina, sin embargo, se destaca una edificación que en la foto no aparece, mientras se recrean a grandes rasgos las sombras del Edificio Diez en la Calle El Conde.

Lo interesante de poner en relación la filatelia de la Era de Trujillo y la fotografía oficial, es la manera en que se produce una empatía en torno a los discursos de modernización de la Era. El trujillato no sólo existió gracias a los manejos discursivos de un Manuel A. Peña Batlle y un Joaquín Balaguer, para sólo citar a dos de sus grandes autores. Es importante resaltar la manera en que ya se daba en la sociedad dominicana una práctica política donde el ejercicio de la fuerza se revestía de un hálito de modernización.

Un puente destruido y una esquina destrozada: la naturaleza destruye y permite el rehacer y rehacerse. En 1934 la Oficina de Correos lanza una serie de sellos donde los puentes sobre los ríos Yaque, Yuna e Higüamo. La Era muestra su eficiencia pública.

Esta esquina es inicio y final. Es resultante de un diseño que al principio y en teoría debía recuperar el damero que los romanos en sus años imperiales habían implantado en sus colonias. Pero así fue la geografía de Santo Domingo: también montañosa. Los conquistadores encontraron como anillo al dedo el monte donde pronto asentarían el monasterio y el templo de San Francisco. La extensión de la ciudad extramuros hacia finales del siglo XIX fue determinando de manera natural esta esquina. Al salir de los muros y tener que sortear las alturas, la ciudad se ramifica.

Con la fotografía se descubre la importancia de estas pendientes. Santo Domingo ya no fue sólo la placidez de sus glorias monumentales-coloniales. Ninguna imagen más impactante que la de una ciudad devastada y desde un punto donde al mismo tiempo se viesen sus asomos de modernidad.

La tragedia de esta esquina no fue episódica. Al estar colocada en un nervio natural del plano urbano, la historia la siguió tocando. Volvieron las fotografías.

Durante la Guerra de Abril de 1965 esta zona se convirtió en espacio de escaramuzas y bombardeos. La calle Félix María Ruiz, al estar colocada a pocas cuadras de la frontera entre constitucionalistas y ocupantes norteamericanos, sintió en su cuerpo todo el dolor de los morteros. A diferencia de otros cientos de fotografías, aquí la estructura de la edificación permite el magnificar los estragos de la guerra.

Resulta curioso, por lo demás, que lo siniestro se haya concentrado en esta esquina, mientras que las otras edificaciones no aparenten haber sufrido de manera parecida.

Pasada la Guerra, edificación y esquina recuperaron la vieja vida.

Llegaron los finales de los años 70. La calle Félix María Ruiz fue borrada del mapa, al igual que el corazón de la barriada de San Carlos. En su lugar se trazó la Avenida México, para ofrecerle al puente Mella una mejor comunicación con el centro de la ciudad. La edificación de esta esquina también fue borrada del mapa. Luego de veinte años de espacio vacío, el Ayuntamiento la retoma y la convierte en un parque chino.

Ahora tenemos a Confucio enfrente. Las desgracias de la naturaleza y de la historia se han borrado, pero no por ello han desaparecido.

Como dijo el sabio Lao Tse: Lo que no existe nos ayuda a veces a usar lo que existe.

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